Un extraño sueño

RETAZOS DE UNA HISTORIA (MAPA DE UN SUEÑO)

Me desperté. El sudor que me corría por la frente me recordaba a cuando tenía fiebre, pero no era igual, era peor. La carne de gallina, dolor en las piernas y grandes ojeras, como si no hubiera dormido, pero, si me acababa de despertar…

El problema había sido ese sueño. Ese sueño que se repetía todas las noches desde hace una semana. En las calles oscuras había una silueta al fondo, era una chica vestida de rojo que giraba la esquina y desaparecía. Corrí tras ella pero cuando giré ya no estaba, era como si se hubiera evaporado.

Entonces vi un grupo, eran unas 8 personas, todas ellas con túnicas negras, como si de una secta se tratara. Me acerqué, pero no podían verme. Iban decididos hacia alguna parte y seguían a un líder, ¿quién sería? Su cara parecía sonarme pero no conseguí recordar de qué.

Y de nuevo la chica, la ví adentrarse en un colegio, pero no me metí. Desde fuera pude ver sombras, escuché ruidos… Y, a pesar de ser un GIO, algo me dijo que no entrara, que no era el momento.

Me teletransporté, ¿sabéis esa sensación extraña de los sueños cuando, de repente, te das cuenta de que estás soñando pero sigues despierto? Es lo que me ocurrió en esta ocasión. Seguía sin controlar mi mente, sin controlar lo que estaba sucediendo. Unos molinos gigantes se cernían frente a mí. Una mujer con una tez azulada salió de uno de ellos y me hizo un gesto para que fuera. La seguí, entré dentro del molino pero, una vez más, ella también se había evaporado.

Fue entonces cuando escuche esa voz, sonaba clara en mi cabeza: Ingusha decía… Ven hacia mí… Y fue ese momento en el que me desperté. Todos mis sueños eran siempre en ese lugar, aunque cada día me encontraba con seres diferentes, todos terminaban con esa misma voz, ¿qué significaba aquello?

Todavía con los sentimientos a flor de piel, con una sensación extraña que no se puede describir, como cuando piensas que has soñado algo muy real, a pesar de que no tenía sentido alguno. Me puse el traje y acudí al centro donde tenían a Jorge Valdés. Era mi segundo encuentro con él pero me sentía como si le conociera, como si tuviéramos muchas cosas en común.

Miguel Paredes